Por Dora Quintero
Las olas van y vienen abriéndose y fundiéndose en su vertiginosa carrera por alcanzar la playa. Camino junto a mi compañero Claude, disfrutando intensamente el instante. En el momento menos pensado, una diminuta rodela de un hermoso color rojo aparece en medio de la arena. Claude la recoge y, tras limpiarla, me la indica extáticamente. El mullu, así se llama la pieza que aprisiona entre sus dedos, es un pedacito elaborado de la concha spondylus, la cual representaba el mar en el mito precolombino, esa ancestral manera de percibir la vida que el hombre andino mantiene desde cientos de años.
Marlon Vásquez, joyero y tallador de spondylus, se dedica desde hace muchos años a recuperar y reaprender el sentido de lo sagrado de la concha spondylus. Guarda cientos de conchas amontonadas en el patio de su taller para convertirlas en hermosas figuras o cabujones de futuras joyas. "En mi arte está vivo lo precolombino como la manifestación más auténtica y pura de este país", explica Marlon Vásquez. "Para mí, la spondylus es atemporal y sagrada, es el mejor sostén espiritual de nuestro pasado. Cuando la tallo, trato de mantener estas cualidades. En ello está mi desarrollo como artesano y por eso he asumido esta tarea con pasión".
"Los mullus fueron difundidos a lo largo y ancho de estas tierras. Hoy forman una parte importante de mi trabajo, porque son el arquetipo de la spondylus. Mis creaciones se nutren de un arte milenario, pero renovado y novedoso. Combino a la spondylus con la plata, un metal que le gusta a la gente. En joyería todo es viable a través de lo mágico de la creatividad".
A continuación, Marlon Vásquez, quien dice "quiero expresar en mi arte el amor por la vida manifestada a través de la spondylus", compartirá con nosotros su relación con la concha y sus conocimientos sobre su simbología.
Conocí a la spondylus en el invierno de 1983 cuando me encontré reclutado en el ejército ecuatoriano. El fenómeno de El Niño produjo en ese año lluvias inusitadas que causaron grandes daños en el norte de la costa peruana. En ambas naciones se pidió ayuda a los conscriptos que sabían nadar para que rescataran a la gente atrapada en los restos de sus hogares. Yo fui parte de un grupo enviado a Tumbes. Nadábamos en el caudal del río, uno junto al otro, percatando la proximidad de la muerte. En aquellos difíciles momentos sentimos una gran unión entre peruanos y ecuatorianos.
Allí participé en un taller de arte precolombino donde se elaboraron cientos de pequeñas rodelas o mullus y objetos de uso ritual y suntuario. Se despertó mi interés por la espiritualidad con la que vivían los pueblos americanos.
La spondylus habita en las profundidades marinas de las costas del Ecuador y del norte de Perú. Existen dos variedades: la Spondylus calcifer es una concha de gran tamaño que se prende firmemente a las rocas. Con el tiempo la cubre una costra calcárea que impide ver fácilmente su verdadero color que va de morado a violeta o de naranja a amarillo.
La Spondylus princeps, en cambio, es más pequeña, vive en colonias y nada libremente en los fondos arenosos del mar. Se caracteriza por sus colores vivos en rojo, naranja, morado o violeta, además, existen ejemplares albinos o blancos. Una multitud de espinas, inclinadas hacia la abertura, cubren a la concha. Forman un abanico de rayos que la spondylus orienta, desde la profundidad del mar, hacia el punto donde en el horizonte nace el Sol.
Esa interrelación entre la Spondylus princeps y el Sol impresionó a los pueblos precolombinos quienes adoraban al astro. Entre las ofrendas encontradas en tumbas antiguas se hallaron spondylus con la abertura alineada hacia el Este. Dentro de estas conchas se guardaban los tumis, pequeños bisturíes en forma de media luna utilizados por los médicos, brujos o chamanes en operaciones, por ejemplo del cerebro. Guardaban los tumis dentro de las conchas porque éstas mantenían una valiosa energía. La concha estaba conectada con el infinito, fusionada con el Inti y toda actividad recibía el beneplácito de éste.
En los altares sagrados se utilizan elementos que simbolizan a las distintas fuerzas de la naturaleza enlazadas entre sí. De esta forma se da un encuentro entre las energías del planeta, emanadas del Hanak Pacha (mundo de arriba), del Kay Pacha (mundo de aquí) y del Ukhu Pacha (mundo de abajo), representado por la spondylus entera o el mullu. En las mesas rituales, junto a la spondylus se encuentra el caracol Strombus proveniente de los mares ecuatoriales donde igualmente crece el mullu. Unión espontánea de lo masculino y lo femenino, equilibrándose mutuamente en el transcurso de los ritos y ceremonias andinas.
Cuando la fría Corriente de Humboldt se encuentra alejada de las costas del Ecuador, penetra una mayor masa de agua tibia en el perfil costanero. Al comienzo de este fenómeno, que conocemos con el nombre El Niño por iniciarse en diciembre, se da la proliferación de laSpondylus princeps frente al litoral ecuatoriano, antes de que el calentamiento de las aguas superficiales produzca las lluvias en el continente. En cambio, las spondylus casi desaparecen cuando la Corriente de Humboldt nuevamente se avecina.
A los antiguos observadores del clima no se les escapó la coincidencia entre la presencia de la Spondylus princeps en el mar y la lluvia en el continente, y se relacionó la ausencia de la concha con las temidas sequías. Para los primeros agricultores era esencial poder determinar la llegada de las lluvias. Este conocimiento fue vital para los cultivos del maíz. Por eso, la spondylus se convirtió en el elemento sagrado de los cultos andinos relacionados con la fertilidad.
Desde los pueblos del interior de los Andes se enviaban a la Costa, para proveerse del alimento sagrado, ofrendas: tejidos de colores, piedras preciosas, obsidianas, oro etc. Así podían obtener la concha que propiciaba la fecundidad y la lluvia. Para los pueblos precolombinos y aún para los incas se hizo necesario mantener la suficiente cantidad de mullus en todos los templos y santuarios del Tahuantinsuyo.
La Isla de la Plata fue un importante lugar de intercambio hasta la llegada de los españoles. Desde este puerto salían balsas cargadas con spondylus a puertos distantes a lo largo de la costa del Pacífico para realizar trueques entre pueblos amigos. La amistad no conoce el lenguaje del costo, por esto la spondylus simbolizaba a la hermandad y a la vida. Los navegantes tenían el rango de embajadores, llevaban un objeto precioso, con el valor de monedas que les había sido entregado para su custodia y para compartirlo con quienes lo necesitaban.
Los españoles no arremetieron contra la spondylus sólo por su función de moneda, sino porque era un objeto sagrado al que se adoraba y mediante el cual se veneraba y se ofrendaba a otros dioses. A través de la spondylus se daba el contacto del feligrés con el dios. A través de la spondylus se manifestaban los dioses. Los españoles tuvieron que destruir a quien ocupaba este sitial. Para demostrar a los pueblos indígenas que la spondylus no era sagrada, que había otro elemento igual de rojo y con características similares, trajeron el coral. Así destruyeron los talleres de los artesanos especializados y también la dignidad de nuestros pueblos.
En la antigüedad de la spondylus no se desperdiciaba absolutamente nada. Era tan sagrada que inclusive su polvo de los talleres de lapidación era recolectado para tirarlo al viento en los sembríos del maíz y gramíneas. Asimismo los fragmentos servían como bases o cimientos en las construcciones de casas y templos para augurar la prosperidad. Todos los templos del Cuzco tienen fragmentos de calcita de spondylus. El fruto se lo servia a los jefes de los grupos indígenas y a los chamanes.
Es muy difícil imaginar que los balseros que comerciaban con la spondylus, también la hayan recolectado. Si la concha sagrada era un objeto precioso, estoy convencido de que eran personas especiales las encargadas de extraerlas de la profundidad del mar. La primacía de la spondylus era la fertilidad, fecundidad, estaba ligada a lo femenino y a la lluvia. Creo que las mujeres eran las únicas encargadas de entrar al hábitat de la ostra sagrada. Hay algunas razones para afirmar esto. La paciencia y el tiempo que lleva el recolectarlas, por las pequeñas pesas que se han encontrado y que se utilizaban para sumergirse y también porque la mayor capacidad de permanecer bajo el agua la tienen las mujeres.
Antiguamente no depredaron la spondylus por ser sagrada. Nosotros debemos mantenerla en ese mismo sitial. Para ello tenemos junto con otros artesanos un proyecto que aún no ha tenido respuesta del Gobierno. Queremos instaurar cultivos o criaderos de spondylus donde podemos protegerlas de los ataques de los parásitos. De esta manera se podría utilizar el 100% de la concha y evitar su depredación.
En los últimos años he llevado a la spondylus fuera del país y la he compartido con otros joyeros. Mi trabajo de difusión ha sido lento y sin éxito. Esto cambió cuando el Ecuador y Perú firmaron la paz, y el presidente Mahuad regaló a su colega Fujimori una concha spondylus como símbolo de amistad y paz.
Tengo el orgullo íntimo de haber sido en esta época el primero de haber llevado una gran cantidad de spondylus a Perú para compartirla y a su vez empaparlos de que este material tan preciado por el imperio inca tiene su habitad, su casa, en el Ecuador.
Mucha gente de nuestra época busca la espiritualidad. Los misterios olvidados o escondidos resurgen paulatinamente. En nuestro país, la spondylus es única en su género. Por eso debemos conocerla y darle el valor cultural que merece esta concha mágica, maravillosa y mística.
Marzo del 2001